¿CUÁL FUE TU DESARROLLO PERSONAL EN LO FÍSICO Y EN LO MENTAL? ¿EN QUÉ MOMENTO SENTISTE QUE ESTABAS LISTO PARA UN NIVEL MAYOR?
Mejoré mucho en lo físico durante el proceso M20 de Teritos y en toda mi etapa con los Teros. La parte mental la sigo trabajando con los años, pero me parece que en el Mundial de Japón me sentía a nivel, con un buen equilibrio físico y mental.
¿QUÉ MOMENTOS CONSIDERAS QUE FUERON CLAVE EN TU CAMINO COMO JUGADOR DEL CLUB PARA LUEGO SER CONVOCADO A LA SELECCIÓN?
Hubo un momento clave que fue la temporada de Seven, cuando pasé de Sub 19 chico a Plantel Superior. Esa temporada nos dirigió el gran Cabe Gibernau. Ahí me sentí muy bien jugando con jugadores más grandes, y me parece que fue la razón por la que me llamaron a Teritos después.
¿CUÁNTOS AÑOS JUGASTE EN LA SELECCIÓN Y CUÁLES FUERON LOS MOMENTOS MÁS GRATIFICANTES?
En total fueron 6 años. Sin duda, el más gratificante fue el año del Mundial. En 2019 entrenamos como animales. Poco a poco nos convencimos de que le íbamos a ganar a Fiji, y así fue. Ese partido Uruguay lo preparó durante un año.
¿CUÁLES SON LAS PRINCIPALES DIFERENCIAS QUE ENCONTRÁS ENTRE EL RUGBY DEL CLUB Y EL DE LA SELECCIÓN?
La gran diferencia es el profesionalismo. Poder dedicarse 100% al rugby: entrenar duro, descansar, comer bien, estudiar el juego y repetirlo. Ahí hay una diferencia que hace que todo jugador que va al Charrúa, mejore tanto lo físico como el juego.
Pero el rugby amateur tiene algo mágico que no encontré en el profesionalismo. Es difícil de describir, pero es un disfrute constante. Obviamente, esto es muy personal.














